Ecos de una decisión cuestionada.

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La reacción de los colombianos, especialmente de los antioqueños, fue absolutamente contundente y casi unánime. La gente se solidarizó con el doctor Aníbal Gaviria Correa, gobernador de Antioquia, ante la decisión de la fiscalía de dictarle una medida de aseguramiento, consistente en detención domiciliaria. Desde el más sencillo ciudadano, hasta el más encopetado, expresaron sus voces de apoyo a Gaviria. En medio de la tragedia personal y familiar que vive un hombre virtuoso por formación y por norma de vida, este abrumador e inesperado respaldo debe brindarle un oasis en medio del dolor.
Los gremios y por consiguiente el empresariado paisa; la academia, en voz de las principales universidades de la ciudad; los medios de comunicación; los profesionales, de todos los campos; los funcionarios de la gobernación, de todos los niveles; los ciento veinticinco alcaldes de Antioquia; la dirigencia política, de todas las tendencias y opiniones, en fin, casi todo el pueblo antioqueño expresaron su extrañeza por la decisión de la Fiscalía y le hicieron saber al gobernador la solidaridad con la cual lo rodean.
Varias consideraciones han aflorado con fuerza: El comportamiento diamantino de Aníbal Gaviria en su vida personal y como funcionario público. El tiempo que ha pasado desde que sucedieron los hechos que originaron la medida, que son ya muchos años. La explicación que durante cerca de siete años estuvo el expediente en un anaquel de la fiscalía sin que se le arrimara una prueba. La exótica medida de aseguramiento para un personaje que no es un peligro para el proceso, que no se va a fugar y que su vida es una demostración permanente de transparencia y ejemplo de vida. La seguridad ciudadana, expresada ya por órganos de control, de que la obra no tiene sobrecostos. El reconocimiento de los habitantes del nordeste y del bajo Cauca antioqueño, de que la obra era una necesidad sentida y reclamada por muchísimos años por una región muy olvidada de las acciones del Estado. Obvio, muchas otras consideraciones se han escuchado, pero esas son las notorias.
Se preguntaba un periodista de la región, con toda la lógica del caso, que era imposible que todos los colombianos estuvieran equivocados frente a Aníbal Gaviria, que lamentablemente todo presagiaba que la que había cogido el camino incorrecto era la Fiscalía, especialísimamente en la medida de aseguramiento. El mismo doctor Gaviria Correa ha sido contundente en expresar que lo investiguen a fondo, que está absolutamente convencido de la rectitud con la cual actuaron él y los funcionarios en los cuales delegó la responsabilidad de contratar y que la seguridad en la defensa de sus subalternos la tiene por el seguimiento que siempre les hizo en la realización de las obras. Obvio, mientras fue gobernador, porque no existe posibilidades de continuar supervisando como simple ciudadano.
El periódico El Colombiano tituló esta semana que “El puente que le dio libertad a un pueblo y se la quitó al constructor”, crónica que ilustró con una hermosa fotografía del puente La Libertad que unió a El Bagre con Zaragoza y que le permitió a El Bagre conectarse con el bajo Cauca es la dramática realidad que hoy vive Aníbal Gaviria y el pueblo antioqueño. Es también preciso resaltar que el puente está en funcionamiento, que no se ha caído como el de Chirajara, que no se ha ondulado como el de Hisgaura. A propósito, ¿cuántos detenidos existen por estas dos cuantiosas obras fracasadas?

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