Derrumbando la historia

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Definitivamente con pólvora no ocultamos hechos de un vergonzoso pasado, ni limpiamos nuestra conciencia colectiva. Destruir el edificio Mónaco, pretendiendo superar una historia nefasta para Colombia, es como esconder la basura debajo del tapete. Ejemplos existen en el mundo, donde los bienes de los capos o los violentos, sirvieron de museos para contar sus horrores y decirle a la posteridad que existen hechos que no se pueden repetir y que nos avergüenzan. Más que destruir bienes es necesario un propósito colectivo de cambiar estereotipos que nos han llevado a buscar el dinero fácil, comportamientos mafiosos y a defender principios errados como el de todo vale.

Cayó Pablo Escobar y desde entonces han corrido su misma suerte o sido detenidos y encarcelados, cientos de jefes y subjefes mafiosos, que han tenido en viviendas, fincas, carros, aviones, caballos, joyas, edificios, etc. la corona de sus fechorías y de su efímera gloria. ¿Tendríamos que dinamitar todo eso para aplacar nuestras culpas colectivas?

En Ayacucho, cerca de la avenida del Ferrocarril está la edificación desde donde el clan Cifuentes dirigió sus operaciones criminales y a donde llegaban, en el helicóptero, encopetados ciudadanos y policías a recibir su parte. Sí, alcalde, el edificio tiene helipuerto y está situado, desde antaño, a pocos metros de un importante comando policial de la Ciudad. ¿Será necesario volver polvo esa edificación?

Caben muchas preguntas, ¿Qué hacer con la hacienda Nápoles, otro ícono de Pablo Escobar? ¿Será justo que hoy sea un sitio de recreación de paisas y extranjeros, el lugar más emblemático de semejante mafioso?

Chicago es una importante ciudad de los Estado Unidos, famosa por sus mafias. Hoy la ciudad es recorrida por miles de turistas anualmente, en la llamada Ruta de Al Capone, un histórico mafioso de los años veinte y treinta del siglo pasado. Esta ruta comprende incluso la visita a “descubrir diez lugares íconos para la mafia”, entre ellos el cementerio católico de Monte Carmelo, donde reposan los restos de Al Capone y otros de sus secuaces. Esa ruta es el recuerdo permanente de lo que no puede volver a suceder, es la vergüenza de un pueblo que padeció abundantes historias de muerte y violencia. Nada destruyeron, nada dinamitaron.

Dicho con toda franqueza: quedó la sensación de que el acto de dinamitar al edificio Mónaco, fue un espectáculo cursi y mediático, con presidente abordo. Los más encopetados medios de comunicación desplazaron a Medellín a sus más reputados periodistas para que cubrieran tan “importante e histórico” acto. Medellín será otra a partir de la fecha, la mafia ha quedado atrás. ¡Vana postura!

Cambios educativos y culturales son los que se imponen. Abandonar comportamientos traquetos que subsisten entre nosotros. Pero además es necesario hacernos a la idea de que la memoria de Pablo Escobar nos seguirá rondando por los siglos de los siglos.

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