Las dificultades del proceso de paz

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Indudablemente, el proceso de paz entre el Estado y las Farc pasa por momentos difíciles. Muchas de las decisiones que deben ser aprobadas por el Congreso de la República penden de la voluntad política de los parlamentarios y de decisiones de los partidos políticos.
La inminencia de una campaña electoral parece agigantar los oportunismos y disminuir las visiones de una patria en paz. No deja de ser preocupante que un partido como Cambio Radical, que ha venido apoyando el proceso, decida ahora retirarle el respaldo a la Justicia Especial para la Paz, JEP. Olvidando su jefe, que hizo parte del actual Gobierno, que desde la campaña prometió buscar la paz. Hace cuatro años la mayoría de los colombianos nos comprometimos con el binomio Santos-Vargas Lleras por su compromiso en llegar a acuerdos con los alzados en armas de las Farc. No es bien visto por los electores que después de vendernos la idea, acompañarlos con el voto, nos venga uno de ellos a decir, cuando ya no hace parte de la burocracia, que él y su partido no respaldan algo tan vital e importante para la consolidación de la paz como es el tema de la justicia. Muchas cosas nos hubiéremos ahorrado si desde la discusión en La Habana del tema o después en el Congreso, nos hubieran hecho saber a los colombianos su posición.
Muy extraño el comportamiento de algunos exfuncionarios públicos, que mientras hacen parte del Gobierno tienen compromiso con los planes de gobierno, con sus propuestas y sus realizaciones, pero una vez hacen dejación de la chanfa comienzan a deslindarse de lo que antes apoyaron. Falta mucha coherencia política y esa es una de las falencias más notorias de nuestra clase política, que les está haciendo perder la fe a los colombianos en sus instituciones y en sus dirigentes.
No puede el establecimiento firmar unos pactos y luego “conejear” a la contraparte. Eso nos hace perder mucha credibilidad para futuros arreglos con otros grupos alzados en armas o delincuenciales. Es posible que la dirigencia de las Farc no tenga entre sus planes, si hay incumplimiento del Estado, regresar a las armas, pero existen peligros mayores que se deben visualizar: la guerrillerada, es decir, la tropa puede fácilmente desmotivarse y buscar refugio en las bandas criminales o bandolerizarse. Eso sería terrible para nuestra sociedad.
Repito lo dicho en otros artículos, mucha miopía, mucho odio, mucha cizaña, como lo dijera el Papa Francisco, en todos estos episodios. Los colombianos parecemos condenados a vivir en guerra, a no encontrar paz, ni sosiego.
Un ciudadano del Huila me decía esta semana que por primera vez en muchísimos años estaban viviendo tranquilamente en su departamento y que además se movilizaban por todas las carreteras sin temores algunos, que los sitios turísticos estaban recobrando todo su esplendor y que la afluencia de visitantes era cada día mayor a estos lugares. Por eso creo que la sensatez debe volver a imperar en nuestra clase dirigente.

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