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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Los diciembres que he vivido trajeron sin falta la música parrandera estrangulada en victrolas de cuerda manual, en “radiolas” enormes marca Phillips, en tragamonedas que en Frontino llamábamos “pianos” o en modernos “picós” de costeño.   Música parrandera, especialísimamente la de don Joaquín Bedoya, quien al decir de algunos amigos es hombre poco conversador, amable y con un trato distinguido, ajeno a la picaresca de sus canciones.

Don Joaquín está cumpliendo 50 años de vida artística. Nació en la vereda Cabras de Frontino el 10 de febrero de 1943; su familia fue desplazada por la violencia partidista posterior a la muerte de Jorge Eliécer Gaitán. Por ser el menor de los hermanos, no recuerda su llegada a Bello donde cursó estudios primarios en la Escuela Marco Fidel Suárez y donde siempre ha vivido; el bachillerato lo terminó en la Universidad Pontificia Bolivariana. Muchas veces su padre y algunos de sus hermanos, intentaron regresar a Frontino, pero el deteriorado orden público no se los permitió. Se criaron y se educaron en la ciudad de Bello, aunque los frontineños se niegan a perderlos, a él y a sus hermanos, como fieles intérpretes de rasgos culturales del pueblo antioqueño y colombiano. Los Bedoyas de Frontino son una familia de músicos: José A., Agustín y Joaquín, han producido y difundido la música parrandera llena de picardía que junto al amor por este género musical aprendieron de José A., el mayor de los hermanos quien era obrero en Fabricato y cuando Joaquín regresaba de la escuela, le entregaba la guitarra a su hermano para enseñarle a rasguear  sus primeras melodías. De esos juveniles entretenimientos nació el gran artista que hoy es Joaquín en este género picante y alegre que se escucha en todos los hogares sin importar el estrato socioeconómico. José A. está hoy radicado en los Estados Unidos y Agustín falleció hace doce años.

Para una presentación pública en la que interpretaban la música de Guillermo Buitrago, muy de moda por esos años, habían quedado de reunirse  Neftalí Álvarez y José Muñoz con José A. Bedoya; como no aparecía José A., les tocó buscar a Joaquín Bedoya, el hermano menor, para que completara el trío. Ese día, aun muy niño, le correspondió tocar la guitarra y graduarse con honores en el bello arte de la música.

Quien promovió musicalmente a Joaquín fue don Otoniel Cardona, fundador y luego dueño de discos Victoria, quien a la sazón laboraba en Sonolux. Inicialmente grabó “El Espanto”, y “Desconfíale a las mujeres”, composiciones de José Muñoz para que Joaquín lo interpretara y que rápidamente se convirtieron en éxitos parranderos. El maestro Bedoya decide posteriormente componer sus propias interpretaciones y nacen “El Relojito” y el “Fiambre de Estela” entre muchas otras.

Joaquín interpreta, fuera de la guitarra, la lira y el tiple y permanece vigente y activo en su vida musical.

Don Joaquín grabó para Fuentes, Codiscos, y especialmente para Discos Victoria. Son composiciones del maestro Joaquín Bedoya, las siguientes: “El corbata gastador”, “El doctor sardinero”, “La bicicleta de Lola”,  “El farol borracho”, “El ñanga ñanga” y “El doctorótico”.  Su voz y su guitarra hicieron famosas composiciones como: “Aguardiente p’al chofer”, “Las  veteranas”, “El farol borracho”, “Échale más agua a la sopa”. Con Adriana Holguín y José Muñoz integró el grupo Los Raros,

Frontino, por intermedio de su Alcalde, le acaba de otorgar la Orden de la Panela, condecoración que se impone a los hijos distinguidos de esa municipalidad. ¡Bien merecido!

A mis amables lectores, un FELIZ AÑO.

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