Es de estadistas manejar bien las crisis.

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La presencia del coronavirus en Colombia y su inminente propagación entre la población, es una realidad incontenible. Es un mal que actúa sin contemplaciones ni miramientos. China, Corea del Sur, Irán, Italia, España han sido ya terriblemente golpeadas y en algunos de esos Estados sus sistemas de salud han colapsado. Sin que tengamos información confiable sobre el manejo que China le dio y,observando que allí fue donde surgió el virus, podemos afirmar que Corea del Sur le viene dando ejemplo al mundo de cómo enfrentar esta pandemia con un relativo éxito. La tecnología y el pragmatismo hicieron que este país asiático venga saliendo avante en la calamidad. En Italia, un Estado del primer mundo, la crisis le ha colapsado su sistema de salud y contener la expansión del virus ha sido un reto imposible de cumplir. España no la ha tenido fácil y la enfermedad también adquiere contornos de gran calamidad pública.
Esos espejos nos deben servir para nuestras propias actuaciones. No tenemos ni la infraestructura, ni el presupuesto para ser exitosos como Corea, pero debemos reaccionar rápido con decisiones contundentes, por dolorosas que sean. En Estados Unidos su presidente, en lucha por la reelección, tuvo la osadía de prohibir el ingreso a su territorio de personas procedentes de Europa. Debió pensarlo con preocupación por las implicaciones que la decisión tiene para la economía de esa gran nación, que viene tan exitosamente creciendo. Finalmente primó el bien común, el bienestar de su pueblo. En Colombia aún no hemos tenido la valentía de una decisión semejante y estamos permitiendo que el virus nos llegue y se propague. Los ejemplos negativos de lo que nos puede traer esta demora en tal prohibición están a la vista: Una extranjera llegó a San Jerónimo y se instaló en un hotel de la región; un dirigente indígena se pavoneaba esta semana por varios pueblos del occidente antioqueño luego de su llegada de Italia; dos colombianas residentes en España se autorrepatriaban huyéndole al coronavirus. ¿Lo trajeron? No lo sabemos aún, pero estamos seguros de que por lo menos en los dos últimos casos no cumplieron la cuarentena dispuesta por el Gobierno.
Otro asunto que se debe comenzar a evaluar por parte del Gobierno es la desescolarización del sector educativo. Planes de contingencia acudiendo a la virtualidad se imponen para continuar los estudios. La escuela, el colegio y la universidad se van a convertir en un vehículo expedito para difundir el virus. La desescolarización trae aparejada una flexibilización laboral para los padres de niños que dejan de ir a la escuela. Los mayores de cincuenta y cinco años, sean empleados, obreros, funcionarios y laboren en el sector público o privado deben ser confinados en sus hogares y permitírseles desde allá desarrollar su trabajo, de ser posible.
El momento requiere creatividad y especialísimamente liderazgo de nuestros gobernantes. No estamos frente a cualquier contingencia. Reconozco, por ejemplo, el empoderamiento que del tema viene haciendo el gobernador de Antioquia, doctor Aníbal Gaviria Correa y ese es un buen ejemplo a seguir.
En estas horas dolorosas se conocen los estadistas.

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