El dueño del paro

El descontento popular
noviembre 23, 2019

Son contados los colombianos que se le han apuntado a la propuesta de un cambio de gobierno y este torpe embeleco más viene de sectores muy minoritarios del propio partido del presidente, que de sectores de oposición o de los que protestan. Jugar a que las marchas y los cacerolazos lleven a la renuncia de Iván Duque es un despropósito de increíbles consecuencias, es arrojar por la borda la institucionalidad y dar un verdadero salto al vacío. Se impone el diálogo y la concertación del Gobierno con quienes protestan y están inconformes, que no se puede minimizar, son muchos y parecen decididos a resistir en el tiempo. Dilatar las conversaciones invitando a otros actores, es más bien una forma de exasperar a quienes marchan y evitar los necesarios acuerdos que las circunstancias imponen.

Llevamos algo más de diez días perdidos, con una gran parte de Colombia marchando o haciendo sonar sus cacerolas y el Gobierno buscando al ahogado río arriba. Se va perdiendo tiempo precioso y se van crispando los ánimos. De algo debe servir la inconformidad que ya comienza a brotar en los espectáculos masivos, como ha sucedido recientemente en los estadios de Bogotá y Cali, donde casi al unísono la gente se ha expresado contra el Gobierno y su partido. Ese es un termómetro que es bueno valorar, antes de seguir actuando de espaldas a una realidad cada vez más dramática. A un espectáculo de estos no se invita solamente a los de una corriente.

En esto de la protesta generalizada se han podido observar torpezas de ambos lados, con una diferencia, las del poder son pesadas y sopesadas y las de la masa son impensadas y espontáneas (casi siempre). En mi sentir, tratar de señalar a Gustavo Petro como el gran orientador y movilizador de tamañas marchas, es un error político, lo están convirtiendo en el líder único, enfrentado a un gobierno que se desgasta vertiginosamente ante la opinión pública.

Obvio que Petro apoya el paro, obvio que los seguidores de Gustavo Petro son figuras reconocidas dentro del paro, pero no es ni son los organizadores. Eso lo ve un observador imparcial de los acontecimientos que se entere, así sea por redes sociales, de lo que está sucediendo en el país. Darle a Gustavo Petro la enorme capacidad de paralizar las grandes ciudades colombianas cuando haga sonar sus clarines, es magnificar su presencia en los acontecimientos, es falsear la realidad y es cometer un error histórico de tamañas proporciones.

El Gobierno debe coger el toro por los cuernos. El Gobierno debe invitar a los organizadores de esas marchas a dialogar. Les debe escuchar sus inquietudes y sus reclamos. Debe dar un viraje en su orientación política y entender que el tema social y de concentración de la riqueza, es cada día más grave en nuestra sociedad. Lo que está sucediendo en las calles de las principales ciudades colombianas es particularmente delicado como para pretender hacer oídos sordos de esas circunstancias.

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