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Por Ramón Elejalde Arbeláez

Produce nostalgia comentar la desaparición de un club social con más de sesenta y seis años de vida, de un reconocimiento social bien importante en la ciudad y de haber sido escenario de grandes eventos sociales, artísticos, políticos y económicos de tipo nacional.

El Club Medellín fue fundado un 23 de julio de 1946, cuando los promotores de la idea, que ocupaban un local por ese entonces de propiedad de la Fábrica Nacional de Carteras, situado en la calle Colombia entre Junín y Sucre decidieron conformar la primera junta directiva con carácter de provisional y de la que hicieron parte Luis Gómez T., Pablo Restrepo U. (dueño del local inicial), Ángel Renix, Luis Ramos, Santiago Vargas Lorenzana, Jaime García Lobo, Hernando Téllez B., Alberto Gómez, Apolinar Ramírez y Alberto López. Luego los fundadores se trasladan a unas oficinas de la emisora Radio Nutibara, que funcionaba en el tercer piso del edificio Uribe Navarro en Junín con la Playa y cuyo gerente era el fundador JaimeGarcía Lobo. Podemos afirmar que allí se consolidó lo que sería el famoso Club Medellín.

El primer local del Club, propiamente dicho, fue una casa situada en la Playa entre las carreras El Palo y la Avenida Oriental (En ese entonces llamada La Unión), de propiedad de don Eduardo Toro, cerca a donde funcionaba el Palacio Arzobispal. La primera lucha que tuvo que dar la Junta del Club fue convencer a Monseñor Joaquín García Benítez que este nuevo vecino no perturbaría sus sueños ni sus actividades. Obtenida la autorización arzobispal los fundadores se dedicaron al acondicionamiento de la sede. La solemne inauguración de la sede y del Club fue el 21 de junio de 1947, acto al que invitaron al presidente de la República, doctor Mariano Ospina Pérez, quien ya había sido nombrado Presidente Honorario del Club. Como datos curiosos digamos que la cuota de admisión para ingresar como socio del club se fijó la suma de cincuenta pesos y el valor de la acción se tazó en ciento cincuenta pesos. La cuota de sostenimiento inicialmente fijada fue de diez pesos mensuales.

Fue ya en mayo de 1951 cuando se autorizó la compra de la casa en la calle Colombia entre Girardot y El Palo a los señores Federico, Darío, Pablo Vásquez V y a la señora Olga Vásquez de Moreno. Hoy, en esta casa, cierra definitivamente sus puertas el Club Medellín.

No es bueno para la ciudad perder tal vez el único club de clase media que ha existido. Su ubicación en el centro de Medellín le daba innumerables ventajas, pero lamentablemente las cargas prestacionales, el retiro de socios y la poca comercialización de sus productos lo llevaron a acumular pérdidas que ya estaban siendo insostenibles por sus dueños.

Queda para la historia el cúmulo de eventos arriba mencionados que en sus salones se efectuaron. Fue el club Medellín escenario de muchas decisiones trascendentales para Antioquia, su final no debió ser el vivido. ¡Lamentable¡

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