Crecen los cultivos ilícitos?

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Todo apunta a que en los próximos días conoceremos un nuevo informe producido en los Estados Unidos sobre las áreas cultivadas en Colombia con la mata de coca y también se ha filtrado que se verá incrementado el número de hectáreas que entre nosotros están dedicadas a esa actividad criminal.

Doloroso y peligroso para Colombia la noticia que se espera. Continuaremos siendo los principales cultivadores de cocaína en el mundo y cada vez nos mirarán con más recelo todas las naciones del planeta. ¡Bonito estigma el que seguiremos cargando! La droga y, especialmente, lo relacionado con la lucha de los pueblos contra ella debe ser objeto de un rediseño por todos los Estados. Nuestro país no es el único gran derrotado al mirar los informes sobre áreas cultivadas. El mundo va perdiendo esta guerra y de qué manera. Algo está fallando, algo no va bien. Los Estados Unidos y Europa tienen que entender que, si se incrementa la producción de la hoja de coca y lógicamente de cocaína, pues obviamente tiene que estarse incrementando su consumo.

Los cultivos de la hoja de coca y todo el proceso para que su producto final llegue a las calles de las grandes ciudades del planeta, son el motor de todos nuestros conflictos. La desmovilización y el desarme de las Farc nos produjo a muchos colombianos la esperanza de que la guerra y sus secuelas de muerte y violencia disminuirían, pero que también las plantaciones de coca no tendrían más custodios y usufructuarios ilegales y que por lo tanto su cultivo se vería dramáticamente rebajado. Lo primero, es decir la disminución de muertos en las zonas rurales, parece haberse conseguido. Lo segundo, la disminución de la coca fue un sueño vano. Por el contrario, día a día aumenta hasta contar hoy con verdaderos mares de plantaciones ilícitas.

Los estudios, tanto de las Naciones Unidas como del Departamento de Estado de los EE. UU., nos están indicando los lugares de Colombia donde estas plantaciones son verdaderamente un estigma grave para la patria, pero eso también nos lo muestra la presencia masiva de grupos irregulares que conviven, misteriosamente, alrededor de esta plaga sin que allí tengan aplicación las supuestas diferencias ideológicas que dicen tener. Para nadie es un secreto que, en estas zonas, los antiguos grupos paramilitares y las bacrimes comparten territorios, labores y beneficios con disidentes de la Farc y elenos y lamentablemente en algunos de ellos reciben también el beneplácito o el silencio cómplice o temeroso de las autoridades locales y regionales. Tumaco y sus alrededores y el Catatumbo, son apenas dos ejemplos de lo que estoy afirmando.

Seguramente se vendrán presiones sobre el Gobierno colombiano para que reanude sus aspersiones con glifosato. Seguramente lo amenazarán con disminuirle la ayuda internacional, pero así las naciones del mundo y especialmente las más poderosas lograrán aliviar sus conciencias colectivas, pero no quedan exculpadas de la responsabilidad en esta guerra que la vamos perdiendo todos.

Pero Colombia también tiene que ponerse seria con sus programas de sustitución de cultivos, erradicación de los ilícitos y presencia con obras y tropas en todos esos territorios que dejó las Farc y que en vez de coparlos está dejando que se los tomen los grupos delincuenciales.

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