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Por Ramón Elejalde Arbeláez

Es muy difícil encontrar en Colombia un dirigente político más preparado para ejercer funciones de gobierno y con mayor capacidad ejecutiva que Enrique Peñalosa Londoño. Pero es imposible hallar en el escenario político colombiano, un dirigente tan incierto ideológica y políticamente como este personaje.

Heredó la vena política de su padre, Enrique Peñalosa Camargo, un liberal de tiempo completo. Fue profesor y Decano de Economía en la Universidad Externado de Colombia. Fue Secretario Económico del gobierno de Virgilio Barco, y su primera dignidad por voto popular fue la de Representante liberal a la Cámara por Bogotá; de esta manera quedó ligado electoralmente a la capital de la República. En 1991 se lanzó como precandidato a la Alcaldía de Bogotá por el partido liberal, y fue derrotado por Jaime Castro. En 1994 logró nuevamente la candidatura de su partido, pero nuevamente fue derrotado, en esa ocasión por Antanas Mockus. Entonces declinó su lealtad con las ideas bermejas, pero no del todo. ¿O será que sí?

En 1997, Peñalosa Londoño fundó su movimiento político, “Por la Bogotá que soñamos” y obtuvo su segundo ─ ¿y último?─ triunfo electoral al ser elegido Alcalde de Bogotá, derrotando a Carlos Moreno de Caro. Su administración fue exitosa por los conocimientos urbanísticos y su innegable capacidad de gestión: Construyó megabibliotecas, Transmilenio, ciclorrutas, 23 colegios,  organizó el transporte y aportó orden a la caótica movilidad de la ciudad. Peñalosa se dio a conocer internacionalmente como un consultor serio en temas urbanísticos; hoy es asesor de varias ciudades en el mundo. La ciudad capital fue acertadamente dirigida.

En el año 2006, Peñalosa regresó al partido liberal e intentó sin suerte convertirse en su candidato presidencial: ocasional y efímero regreso, interpretado como oportunismo electoral por algunos de sus contradictores. Esa pretensión se desvaneció frente a la segura reelección de Álvaro Uribe y las pocas posibilidades de éxito para candidaturas diferentes. Regresó a su movimiento que ya tenía el nombre de “Por el País que soñamos”, y que no obtuvo el  umbral establecido por la Constitución; para eso se había vuelto a retirar del liberalismo (Esta vez del todo, ¿o será que no?).

Un año después de su frustrada aspiración presidencial, repitió candidatura a la Alcaldía de Bogotá y fue nuevamente derrotado, cuando una coalición partidaria de Álvaro Uribe Vélez pretendió elegirlo. En 2010 fundó con Antanas Mockus y Luis Eduardo Garzón el Partido Verde, e intentó volver a la añorada Alcaldía de Bogotá con persistencia digna de mejor suerte y con el apoyo decidido del Uribismo; esta vez fue derrotado por Gustavo Petro. Obvio, su alianza con Uribe Vélez ahuyentó a algunos Verdes, entre ellos a Antanas Mockus.

Enrique Peñalosa le decretó al Alcalde Petro una feroz oposición, y después de año y medio de cuestionar la gestión del alcalde de Bogotá, decidió que él y su Partido Verde habrán de hacer coalición con el movimiento Progresista, fundado por Gustavo Petro y sus amigos. Así agregó otra incoherencia ideológica a su sinuoso devenir político.

La Silla Vacía, un portal de internet, reseñó en 2011 que Peñalosa es “Ideológicamente difícil de ubicar: por un lado, en su desempeño y en sus discursos le apostó como alcalde a una propuesta de igualdad social, más propia del centro izquierda. Logró expropiar el picadero del club El Country para hacer un gran parque en el norte de la ciudad, iniciativa que no fue continuada por su sucesor […] Por otro lado, Peñalosa es un convencido de la necesidad del orden y la seguridad, con una aproximación más propia del centro derecha, en afinidad grande con el expresidente Uribe; por eso, antaño firmó una carta pública de apoyo a la creación de las Convivir, conjuntamente con Hernán Echavarría, Tito Livio Caldas y Fabio Echeverri Correa.”

Ahora, con la aparición de la Alianza Verde, tal vez se pudiera inocular la capacidad de gestión que tiene Peñalosa al alcalde Gustavo Petro;  y contagiar la capacidad política de Gustavo Petro al huidizo e  indefinible, al inefable Enrique Peñalosa Londoño. ¿Será que sí? ¿Será que no?

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