La pólvora, una batalla perdida

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Los datos suministrados por las autoridades son realmente preocupantes, entre el primero de enero de 2019 y el dos de enero del año que comienza los lesionados por pólvora en Antioquia son noventa y dos personas, es decir, un incremento del 44 % con respecto al año inmediatamente anterior. Eso nos está señalando que la batalla contra el uso de pólvora está fracasando y que las campañas educativas a nada conducen.
En el combate al uso de la pólvora en forma indiscriminada hacen falta políticas públicas claras y contundentes. No puedo volverme reiterativo en mis artículos sobre el tema en estos aspectos, so pena de perder lectores, pero es bueno recordar que el Estado con una mano prohíbe el uso de pólvora y con la otra autoriza su venta. Esa incoherencia se está pagando caro en términos de vidas humanas y de salud pública. Esa dicotomía debe terminar.
Otro aspecto que debe ser revaluado es el de las campañas educativas. No pareciera que están rindiendo sus frutos y antes por el contrario parecen estimular el uso de lo que dicen combatir. No me cabe la menor duda que a través de los años los distintos gobiernos han utilizado diversos métodos, pero todos parecen haber fracasado. No ha valido ni la persuasión sutil, ni las campañas agresivas. Un incremento del 44 % en las personas lesionadas es un indicador claro y contundente de lo que estoy afirmando.
Cómo sucede casi siempre, las víctimas más numerosas del flagelo de la pólvora son los niños, a quienes padres o familiares irresponsables les permiten el uso de estos peligrosos elementos, con las consecuencias conocidas de menores mutilados o lesionados severamente. Tampoco podemos olvidar el daño que el uso masivo de la pólvora causa en los animalitos. Tres anécdotas ilustran mi dicho: Fui dueño de un perro labrador (Golden Retriever), que escuchaba el traqueteo de voladores y se quería morir, producía un gemido lastimero que obligaba a entrarlo a la casa y a que alguien se quedara con él hasta calmarlo. El pasado treinta y uno de diciembre, ya de noche, unos pajaritos abandonaron su nido, que tenían en el corredor de mí casa. Aún hoy no han regresado, creo que no sucederá. Finalmente conocí el caso de un gatico que saltó del cuarto piso de un edificio, afortunadamente sin consecuencias fatales para el animalito. Quienes queman pólvora parecen insensibles.
Sinceramente no había presenciado una utilización de esta extraña diversión de los paisas tan masiva como la de este final de año. Fue exagerada.
¿Cuándo comprenderemos el daño que le estamos causando a nuestros niños y a nuestros animalitos? ¿Cuándo pondremos fin a esta práctica mafiosa que nos quedó como herencia?

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