La historia del pasillo triste o pasillo ecuatoriano

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  1. (Publicado en la Revista INDISCIPLINAS de la FACULTAD DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA LATINOAMERICANA de MEDELLÍN. Número 7. Año: 2018)

Resumen

América Latina se integra con la historia, la lengua, el territorio, pero también con el pasillo, género musical que convoca y provoca. Este artículo plantea que el pasillo ecuatoriano tal como lo escuchamos y cantamos, tiene su origen en el siglo XIX en Colombia, Venezuela y Panamápero su máxima representación y consolidación fue en el siglo XX, en Ecuador, con el compositor y cantante Julio Jaramillo (1935-1978). De esta forma, nos aproximamos a los compositores e intérpretes del pasillo colombiano y ecuatoriano desde una interpretación hermenéutica, puesto que la razón de ser de este documento es conocernos mucho más como latinoamericanos.

Palabras clave

Colombia, Compositores latinoamericanos, Ecuador, Historia, Pasillo.

Latin America is integrated by the history, language, territory and by pasillo, musical genre that convenes and provokes. This article argues that the Ecuadorian pasillo as we listen and sing, has it origins in the 19th century in Colombia, Venezuela and Panama, but it ultimate representation and consolidation was in the twentieth century, in Ecuador, with the composer and singer Julio Jaramillo (1935-1978). In this way, from a hermeneutical interpretation, we approach the composers and interpreters of the Colombian and Ecuadorian pasillo, given that the main reason of this paper is to knowledge ourselves more as Latin Americans.

Key words

Colombia, Ecuador, Latin American composers, History, Pasillo.

INTRODUCCIÓN

Las expresiones culturales que integran a América Latina son variadas y hacen suponer a muchos, que somos una misma nación, con igual sangre, cultura, raza, geografía, idioma, historia y religión. El llamado pasillo ecuatoriano o pasillo triste es una expresión viviente de esta manifestación. Hoy le damos el nombre del Estado que lo recibió y lo adoptó como suyo, Ecuador. Pero, este género musical ingresó a América Latina por Colombia, Panamá y Venezuela, después lo llevaron a Ecuador los ejércitos libertadores de principios del siglo XIX , como un aire alegre que convirtieron en un ritmo lento y lleno tanto de nostalgia como de tristeza; seguramente con el influjo del tango que llegaba del sur del Continente y del Sanjuanito, muy propio y característico de este país. Hoy el pasillo es escuchado con deleite, por nuevas y viejas generaciones de los Estados citados, pero también en Nicaragua, Salvador, México, Cuba, Costa Rica y Perú. Aproximarnos desde una reflexión hermenéutica del pasillo ecuatoriano y las interpretaciones que han suscitado sus intérpretes y compositores en Colombia, es la razón de ser de este documento.

DESPEJAR CONCEPTOS PARA BUSCAR EL ORIGEN

En Ecuador, nuestros vecinos del sur, aprenden y saben del pasillo, lo disfrutan, le cambian el ritmo por uno más cadencioso y lo llenan de nostalgia. En 1877 lo adoptaron y lo convirtieron en su música emblemática, un símbolo de su nacionalidad. Alrededor de este aprovechamiento, surgieron compositores e intérpretes que lo inculcaron con devoción dentro de su población, y a su vez, lo reexportaron ya reinventado a los países de América Latina que hoy lo escuchan y respetan como la música que les gustó a los mayores.

El pasillo es una derivación del vals europeo que la burguesía criolla de la Nueva Granada y Venezuela, bailaban a finales del siglo XVIII y a principios del siglo XIX. Según el musicólogo colombiano Guillermo Morales:

El pasillo apareció a la vida nacional por los años de la Colonia (hacia 1800) cuando la nueva sociedad burguesa, semifeudal, de chapetones y de criollos acomodados, buscó la ideación de un tipo de danza más acorde con el ambiente cortesano en que se hallaba instalada; mal podría llevar a los salones, los aires y danzas de tipo eminentemente popular como el torbellino, el bambuco o la guabina que tenían un carácter que entonces se llamaba “plebeyo.

EL PASILLO EN COLOMBIA

En Colombia se interpretan dos géneros de pasillos diametralmente opuestos. El primero es lento, lleno de nostalgias y añoranzas que los ecuatorianos han inmortalizado; muy propio para serenatas de enamorados. El segundo es un pasillo fiestero, alegre, con letras cargadas de una fina picaresca campesina, que aún se baila en la región andina, especialmente en Cundinamarca, Boyacá, Huila, Tolima, Antioquia, Risaralda y Quindío. Este último género se presta mucho para las interpretaciones instrumentales, tan agradables para los buenos oídos. En sus inicios el pasillo se interpretaba únicamente con instrumentos y su ejecución se basaba en los tres instrumentos básicos de la música andina: bandola, tiple y guitarra, a veces complementados con violín. Posteriormente aparece el pasillo vocal que incluye letras de gran contenido poético e incluso son poemas musicalizados como el caso del conocido Mis flores negras, poema del colombiano Julio Flórez, cuya versión musicalizada se atribuye al mismo poeta o entre otros al ecuatoriano Carlos Amable Ortiz.

La investigadora y musicóloga ecuatoriana Ketty Wong ha señalado que en Ecuador:

“Debido a su capacidad de integrar y generar distintos significados entre distintos grupos sociales étnicos y generacionales, el pasillo se ha convertido en la música nacional por excelencia. El pasillo ecuatoriano incrementó su popularidad con las grabaciones del Dúo Ecuador, alguna vez conformado por Enrique Ibáñez Mora y Nicasio Safadi y tuvo su apogeo internacional durante la carrera del cantante Julio Jaramillo, (1935-1978) cuyo día de nacimiento, el 1 de octubre, fue declarado como el día del pasillo mediante decreto del presidente ecuatoriano Sixto Durán Ballén”.

La historia apunta hacia el famoso y legendario Dúo Ecuador, responsables de la difusión y masificación del pasillo. En la popularización de este género musical, no fue tampoco extraña la cantante Amalia Mendoza Montiel, llamada La Alondra del canto fino. Junto con su hermana Maruja conformó el famoso dúo Las Alondras de Guayas, los fans la denominaban La alondra solitaria.

El escritor Jorge Núñez Sánchez, miembro de la Academia Nacional de Historia y de La Casa de la Cultura Ecuatoriana, afirmó en la Revista Pacarina del Sur que:

“La música es uno de los más activos vehículos de comunicación social y, al mismo tiempo, uno de los principales repositorios de la memoria colectiva. Por ello, las canciones populares no solo evocan sentimientos y emociones, sino que también registran experiencias históricas, fenómenos sociales y recuerdos generacionales. (…) En el caso ecuatoriano, el género musical conocido como pasillo, estrechamente vinculado al pasillo colombiano así como al vals venezolano y al vals peruano, se constituyó en un formidable repositorio de las penas y las angustias de las sucesivas olas migratorias, tanto internas como hacia otros países del mundo”.

Colombia no ha sido ajena al cultivo del pasillo como un género propio, muy afincado aun en sectores rurales, en cantinas de pueblo, en fondas camineras y en veladas folclóricas. Desde 1900, en el municipio de Aguadas, departamento de Caldas, se celebra el Festival Nacional del Pasillo Colombiano, que fue erigido en patrimonio cultural de la Nación mediante la Ley 983 de agosto de 2005. Hoy la guitarra, el tiple y el requinto son los instrumentos preferidos de esta clase de música, aunque no es extraño el piano y el violín.

COMPOSITORES E INTÉRPRETES

Muchos son los compositores que especialmente en Ecuador y en Colombia han inmortalizado el pasillo. Vale la pena resaltar el aporte del famoso Dúo Ecuador o Dúo Ibáñez-Safadi integrado por Enrique Ibáñez Mora y Nicasio Espiridón Safadi Reves. El primero, nacido el 24 de junio de 1903, guayaquileño, que desde los 16 años conformó su primer dueto con José Flores, hasta que conoció al libanés Safadi y constituyó el histórico dueto. Entre sus composiciones emblemáticas tenemos: Adoración, Sé que me matas, Yo quisiera decirte, Rosas de amor y Mi sufrimiento. Por su parte, Nicasio Safadi, nació en 1896, Beirut, Líbano, fue llevado al Ecuador a la edad de 5 años y siempre consideró a nuestros vecinos como su amada patria. Compositor y maestro de maestros, le dejó a la humanidad un legado superior a las trecientas melodías. En 1968 murió en Guayaquil, donde reposan sus restos. Musicalizó hermosos poemas como: Guayaquil de mis amores, Invernal, Y yo no he de volver, Sueño y dicha, entre otros muchos.

Francisco Paredes Herrera, conocido como el Príncipe del pasillo o La máquina de hacer música, nació en Cuenca el 8 de noviembre de 1892 y falleció en Guayaquil, el 1 de enero de 1952. Con más de 1200 composiciones, fue uno de los mejores y más prolijos compositores ecuatorianos. Cuenta entre sus obras musicales a: Alma en los labios, Rosario de besos, Anhelos, Como si fuera un niño, Unamos los corazones, La tristeza está en mí y Horas de pasión.

Carlos Amable Ortiz, nació el 12 de marzo de 1859, en Quito. Es considerado, con Aparicio Córdoba, uno de los primeros compositores del pasillo triste ecuatoriano. También fue pianista, violinista y organista de iglesias y catedrales, al igual que el padre de Francisco Paredes Herrera. Fundó en 1888 la Estudiantina Ecuatoriana y fue un connotado profesor de música. Entre sus composiciones más famosas están: A unos ojos, Corazón que sufre, Plegaria, Ilusión perdida y Flor del alma. Le dejó a la posteridad muchas composiciones de música culta.

Otros compositores ecuatorianos del pasillo fueron: Tulio Hidrovo, Guillermo Garzón, Carlos Guerra, Miguel Ángel Cazares, Rafael Carpio Abad, Segundo Cueva Celi, Salvador Bustamante, Carlos Solís, Constantino Mendoza Moreira y Gonzalo Vera Santos (compositor del bello pasillo Romance de mi destino).

Así no hubiera compuesto música, en el pasillo ecuatoriano es muy relevante la figura del poeta y educador guayaquileño César Maquilón Orellana, autor de muchos de los poemas que fueron musicalizados por el compositor Nicasio Safadi, entre ellos: Limosna de amor, De hinojos, Dulce añoranza y Yo seré tu amor.

En Colombia muchos han sido los compositores del famoso pasillo cadencioso, algunos de los más conocidos son Carlos Vieco Ortiz (Triste y lejano, Hacia el calvario, Tierra labrantía y Al calor de tu afecto, entre otros muchos), Jorge Villamil Cordovez (Espumas), Efraín Orozco (Señora María Rosa), José Barros (Pesares), Alfonso Garavito (El día de la fuga), José Alejandro Morales (Aunque lo niegues), Héctor Ochoa (El camino de la vida, Después que me dijiste adiós y Ayer y hoy), y Camilo Arturo García Bustamante (Lágrimas, Corónate de flores, Debemos separarnos, Destino –con letra de Julio Flórez-, Ondas viajeras y Tú lo ignoras).

El poeta colombiano Julio Flórez, al igual que César Maquillón Orellana en Ecuador, fueron escritores que seguramente nunca musicalizaron su producción literaria, pero parte de ella es hoy interpretada como bellos pasillos. Sin embargo, sobre la música del pasillo Mis flores negras, todavía hoy hay una disputa por su autoría que seguramente nunca terminará; sobre la letra, no existe duda alguna de su autoría. Hernán Restrepo Duque, gran conocedor de la historia musical de Colombia y Jorge Añez, otro estudioso de estos temas, ambos ya fallecidos, siempre sostuvieron que Julio Flórez fue el autor de la letra y de la música de esta bella composición. También se ha atribuido la autoría de la música a Carlos Amable Ortiz, Francisco Paredes Herrera, entre otros. Es claro entonces que nadie lo discutió en vida del poeta boyacense. Otros poemas de Julio Flórez que fueron musicalizado: Gotas de ajenjo (o Cuando lejos, muy lejos), Idilio eterno, Te juré mi amor, No te podré olvidar.

EL PASILLO TRISTE DEL SUR

Nuestros vecinos del sur tienen una pléyade de excelentes músicos que popularizaron en toda la región este género. A continuación, algunos de los más conocidos intérpretes del famoso pasillo triste.

Para comenzar, debemos citar a Julio Jaramillo, El Ruiseñor de América, quien tiene más de 300 discos de larga duración grabados, algo así como 3.600 composiciones, que en un momento dado lo convirtieron en el intérprete que más música llevó al acetato en todo el mundo, murió muy joven a los 43 años. De igual forma se encuentran: el ya famoso Dúo Ecuador o Dúo Ibáñez-Safadi; Olimpo Cárdenas; el dueto Bowen-Villafuerte; Las hermanas Mendoza-Sangurima o las Alondras de Guayas;  Carlota Jaramillo llamada La Reina de la Canción Nacional o la Reina del pasillo ecuatoriano; el Trío Los Embajadores integrado por los hermanos Carlos Alberto y Rafael de Jesús Jervis Vicuña y por Guillermo Enrique Rodríguez Vivas, que interpretaron Romance de mi destino, Dulce añoranza; el Dúo Benítez-Valencia;  Los Brillantes; Los Montalvinos; Patricia González; los hermanos Miño Naranjo; los hermanos Núñez y el baladista Juan Fernando Velasco, quien le dio connotaciones modernas al pasillo con el fin de poder llegar a un público más joven.

Entre los intérpretes colombianos que se suman a este parnaso tenemos a, Pelón y Marín, Sarita Herrera, Garzón y Collazos, Luciano y Concholón, Espinoza y Bedoya, Silva y Villalba, el reconocido Dueto de Antaño, integrado por Camilo Arturo García Bustamante y Ramón Emilio Carrasquilla Peña, quienes tuvieron en su repertorio abundantes pasillos compuestos en el Ecuador, entre otros.

Muchísimos cantantes famosos han interpretado pasillos ecuatorianos; alguien perdió una apuesta cuando le demostraron que Carlos Gardel interpretó y grabó el pasillo Sombras (Rosario Sansores –mejicana- y Carlos Brito Benavides –ecuatoriano-). Precisamente este pasillo es la composición ecuatoriana más difundida internacionalmente. Paloma San Basilio, Libertad Lamarque, Julio Iglesias, Chabuca Granda, Armando Manzanero, Lucho Gatica, entre otros, lo han tenido en su repertorio.

En síntesis, sería imposible desconocer a otros intérpretes de este género musical de otras nacionalidades: Briceño y Añez, Valente y Cáceres, Peronet e Izurieta,Blanca Asencio y Carlos Mejía, Margarita Cueto como solista o en duetos con Carlos Álvarez, Juan Arvizu, José Moriche, Carlos Mejía o Juan Pulido.

NUESTRA MÚSICA ECUATORIANA

Es increíble la simbiosis existente entre colombianos y ecuatorianos a través del pasillo lento o nostálgico. Muchas de las composiciones que hoy degustamos como nuestras y que difundimos como si se tratara de música popular andina colombiana, no son más que pasillos ecuatorianos. Ese género musical está, definitivamente, muy empotrado en nuestra cultura y lo asumimos como propio.

Los compositores de gran parte de “nuestra” música ecuatoriana, son los conocidos y ya citados Francisco Paredes Herrera, Enrique Ibáñez, Carlos Rubiara y Nicasio Safadi, con el poeta César Maquillón. Nuestro querido Dueto de Antaño inmortalizó, de los anteriores compositores, las siguientes piezas musicales: Invernal (Ingenuamente pones / en tú balcón florido / la nota más romántica / de esa tarde de lluvia); Dulce añoranza (Adorada ilusión, ¿por qué dejaste / mi corazón como un jardín desierto? / Mi esperanza y mi amor, los dos han muerto, / dime por qué al olvido me entregaste); Alma en los labios (Cuando de nuestro amor la llama apasionada / dentro del pecho amante contemplas extinguida / ya que solo por ti la vida me es amada. / El día que me faltes, me arrancaré la vida); Flórez del pasado (Con mi amor te di, mujer de mis cantares, / el más grande cariño que yo he sentido / y evoco siempre el recuerdo de tú olvido / en el erial sombrío de mis pesares); Horas de dolor (En mis horas de pena / cuando la noche llega, / oigo la ensoñadora / canción de tú llegada, / todo es mentira y sueño / porque tú, amor amada, / en el mar lobregoso / del olvido, navegas); Idilio (Adoro en ti el idilio de mí vida, / pobre mi esperanza, pobre mi ilusión. / Soñó mi amor que tú fueras la elegida, / que fueras tú, mi fe, mi adoración.); Triste despertar (Un bosque umbrío, de perfumes lleno, / silencio, soledad, completa calma, / libre de engaños, al dolor ajeno, / y un mundo de ternuras en el alma) Adiós mi dulce amada, Amémonos como antes, Amor que renace, Anhelos, Añoranza, Como si fuera un niño, Consuelo amargo, Cuando te falte amor, Desamor, Despierta bien mío, De hinojos, Dolor de ausencia, Eso será mi vida sin tú amor, Esos tus ojos negros, Evocación nostálgica, Flores del pasado, Hazme feliz, La canción del olvido, La divina canción, La tristeza está en mí, Limosna de amor, Mi fatal destino, No más la vida, Olvídame sin rencor, Paloma del ensueño, Palpita corazón, Por tu amor, Presentimiento de amor, Quejas de amor, Sé que volverás, Siempre te he de amar, Solo y triste, Sueño y dicha, Tan mía y tan ajena, Te olvidarás de mí, Tristezas de mi vida, Ya no te quiero, pero no te olvido, Yo seré tú amor, entre muchas otras.

Existen algunas composiciones donde participaron colombianos y ecuatorianos, tal el caso del pasillo Nadie me espera o me verás partir, del colombiano Carlos Villafañe y del ecuatoriano Francisco Paredes Herrera, o como, Rosario de Besos,del poeta Libardo Parra Toro, alias Tartarín Moreira y Francisco Paredes Herrera. También existen curiosidades en eso de nuestra música, como el caso de Sombras, que es un pasillo de la mexicana Rosario Sansores y del ecuatoriano Carlos Brito Benavides. También está el caso de Unamos los corazones, cuya autoría se la adjudicó el abogado sopetranero Jesús María Trespalacios Madrid con música de Gonzalo Vidal, pero en Ecuador afirman que la música es de Francisco Paredes Herrera y la letra de Aurelio Martínez Mutis. A esa bella música ecuatoriana, disfrutémosla como lo venimos haciendo, como si fuera nuestra.

BREVE HISTORIA DE PASILLOS BELLOS

Las acacias. Hace algunos años, una cadena radial promovió un concurso para escoger la canción colombiana más bella.Muchos aficionados hicimos fuerza porque fuera seleccionada, en esa votación popular, el pasillo Las acacias, pero fuimos derrotados en franca lid por los votantes que escogieron otro pasillo: El camino de la vida, del maestro Jorge Ochoa.

La letra de Las acacias es del poeta español Vicente Medina Tomás y la música del antioqueño Jorge Molina Cano. Medina Tomás nació en Archena, Murcia, el 27 de octubre de 1866. Hijo del jornalero “Juan de Dios el de los romances”, que viajaba por los pueblos vecinos recitando romances. Muy joven, Vicente se alistó en el ejército español y prestó sus servicios en Filipinas, donde escribió los primeros versos. En 1900 publicó su primer libro, Aires Murcianos, tal vez su obra más importante. En 1908 emigró a Argentina, donde se dedicó al empresarismo agrícola. Después de vivir en el país austral durante 25 años, regresó a su ciudad natal por pocos años, ya que la guerra civil española y su militancia política lo obligaron a volver a la que siempre consideró su segunda patria, Argentina. Murió en Rosario el 17 de agosto de 1937.

Jorge Molina Cano nació en Medellín en 1898. Su madre, María, era hermana de don Fidel Cano, fundador de El Espectador. Se hizo educador en la Escuela Normal de Varones de Medellín, pero poco ejerció su profesión ya que prefirió la vida bohemia. Fue un errante por Centroamérica acompañado de un tiple, instrumento que ejecutaba con mucha destreza; también cantaba a dúo con su gran amigo, Iván de Greiff. Regresó a Colombia en 1920 y se radicó en Barrancabermeja. Totalmente perdido en el licor, murió en la más absoluta pobreza y abandono a los 29 años, el 13 de noviembre de 1927.

En la época del famoso concurso para seleccionar la más bella canción colombiana, algunos puristas, más papistas que el papa, trataron de descalificar Las acacias con el argumento de que el autor de su letra era un español; olvidaron que el compositor de la música de nuestro himno nacional es un italiano, Orestes Síndici, y que la música del Himno Antioqueño es del maestro payanés Gonzalo Vidal. Un poema español de innegable belleza universal, se convirtió en una querida canción de la música popular de Colombia, y desde entonces vive en la sangre y en el alma de generaciones que ven sus recuerdos retratados en sentidos versos y en hermosa melodía.

En nuestro medio, las versiones más difundidas de Las acacias son las de El Dueto de Antaño, y de Garzón y Collazos, internacionalizado por María Dolores Pradera,cuya versión fue grabada en 1970 y por Raphael, en 1975; aunque todo conjunto de música andina que se respete, tiene en su repertorio este hermoso pasillo colombiano. La versión en video de El Monstruo de la Canción se logró en 1979 en un estudio de televisión y se consigue fácilmente en Internet, al igual que la versión de María Dolores Pradera.

¿Existen colombianos que no hayan escuchado esta canción? Por lo menos en nuestra generación, no se cree; más de una vez, con aguardiente entre pecho y espalda o a “palo seco”, habremos entonado con la autoridad de autores y dueños de la obra: “() Los que fueron la alegría y el calor de aquella casa / Se marcharon unos muertos y otros vivos, / que tenían muerta el alma / se marcharon para siempre de la casa”.

No te apartes. Es un bonito pasillo que originalmente interpretaron María Vallarino y Alcides Briceño, la primera panameña y el segundo colombiano; si así lo podemos afirmar, pues Alcides nació en abril de 1886 en Panamá, cuando era una región colombiana. El tenor salió de su tierra natal en 1918 y se fue a vivir a Estados Unidos. Siempre cantó al lado de colombianos. Jorge Añez integró con Alcides el famoso dueto de Briceño y Añez, que tuvo vida artística entre 1924 y 1931, la mayor parte del tiempo actuaron en centros nocturnos de Estados Unidos y posteriormente en Colombia. De María Teresa Vallarino no se ha podido obtener mayor información.

La letra de ‘No te apartes’ (el poema es conocido como ‘Cuando me dejas’) es del mejicano Manuel María Flores y la música del ecuatoriano Francisco Paredes Herrera, este detalle convierte a la composición en una verdadera creación Latinoamericana: letra mejicana, interpretación de panameños-colombianos y música de ecuatoriano. De hecho, al escucharla, comprendemos que es un típico pasillo de nuestros vecinos del sur. La composición la ha rescatado por estos días el dueto mixto Voces del Ayer, integrado por Gilma Ossa, una brillante soprano antioqueña y por Yesid Alzate, un renombrado tenor, recientemente fallecido, que integró el conocido dueto de Hernando y Yesid. Gilma Ossa es hermana de Hernando, el mismo del dueto ya citado. Al oído de un profano en estos temas, suena impecable el trabajo musical de estas voces paisas. Es un exquisito regalo a los amantes de la música vieja.

“Porque te amo con todos los amores, \ que darse pueda bajo este cielo azul; \ como se aman el sentido y las flores, \ como se ama el cielo y la luz. \ Como se ama la ilusión perdida, \ como se ama la dicha que pasó; \ como se aman cuantos se aman en la vida, \ con todos esos amores te amo yo”.

Así dice la letra de la expresiva composición que es una verdadera creación bolivariana. Se podría conjeturar que No te apartes, es una directa declaración del amor en la absoluta entrega que la poesía construye. Y es precisamente ahí, donde el pasillo se insufla en el ethos latinoamericano para caracterizar, entre muchos perfiles de la vida, la cultura del afecto que nos une.

CONCLUSIÓN

La música Latinoamérica tiene el reconocimiento que le corresponde porque responde a una tradición de afecto poetizada y que tras generación se ha instalado en el corazón de la cultura. No olvidemos que antes de ser Ecuador, Venezuela o Colombia, fuimos un proyecto integrador, tal como lo diseñó Simón Bolívar (1783-1830). Nadie podría trazar las líneas cartográficas que dividen y diferencian el sentimiento que despierta un pasillo, ni siquiera detenerse a pensar si es de aquí o de allá. Solo sabemos que como el conocimiento, el arte conserva una aspiración de universalidad. Si somos capaces de afectarnos al escuchar, eso significa que lo que a los oídos llega, se llama música.

Este recorrido por el género del pasillo como creación cultural de América Latina y a la vez como historiografía breve, pretende poner en evidencia la necesidad que tenemos los latinoamericanos de escucharnos. Hay una sordera que obnubila el arte, como condición elemental para pensar. La historia del pasillo triste o del pasillo ecuatoriano, es apenas un pretexto para postular la pregunta por ¿Quiénes somos? Entonces, si, “la capa del viejo hidalgo, se rompe para ser ruana, y cuatro rayas confunden el castillo y la cabaña”, hay una línea de que no debemos trazar –como dice el bambuco-; esa que nos pueda distanciar en la tradición construida delpueblo.

REFERENCIAS

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(Autor desconocido)

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