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Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Es el nombre propio para la comedia montada por el Centro Democrático en Antioquia dentro del proceso de escogencia de su candidato a la gobernación de Antioquia. Empezó como inocente sainete o “velada” pueblerina con consuetas instalados en Bogotá y en Santiago de Cali; se transformó en drama angustioso para la candidata escogida en el proceso y va para tragedia irremediable para el elenco de actores, para el joven partido en su conjunto y para las bases populares que lo conforman.  A la contienda se presentaron Andrés Guerra Hoyos, Liliana Rendón y Fernando Correa, quienes pasaron por varios filtros en forma de foros en las distintas regiones del Departamento y de una encuesta que dio resultados contundentes a favor de la excongresista Liliana Rendón. Guerra, contendor final, con gallardía y respeto por los resultados aceptó el resultado final. El jefe del partido presentó en sociedad a la candidata elegida con sujeción a los Estatutos y la reconoció como vocera oficial de la colectividad en la lucha democrática por llegar  al primer empleo de Antioquia. Poco tiempo después comenzaron las angustias para la dirigente, pues perdió todo contacto con el jefe Uribe Vélez y luego se conoció un comunicado expedido por varios congresistas paisas retirándole el respaldo a su legítima y bien ganada aspiración. En varios medios de comunicación afirmé que era imposible un comunicado de parlamentarios del Centro Democrático suscrito por José Obdulio Gaviria y Paola Holguín, sin que para ello contaran con la aquiescencia del jefe superior.

Conocido ese documento los hechos se sucedieron vertiginosamente pues los días de la doctora Rendón como candidata del Centro Democrático estaban contados. Así fue. En las últimas horas, la veedora del partido expidió un comunicado anunciando que no se entregará el aval a quien lo había logrado en franca lid y que los candidatos habían aceptado que la decisión popular quedaba en manos del jefe mayor quien podría desconocer la decisión democrática de las bases.

Las consecuencias para el C.D. son todavía impredecibles pero aplicables a nuestros partidos políticos que distan mucho de ser organizaciones democráticas y serias. En ocasiones parecen monarquías, grupos de presión o empresas electorales de propiedad unipersonal. No es posible que se pacte la selección de un candidato por mecanismos democráticos, que los aspirantes se sometan a los procesos y que por encima de los resultados la decisión final se someta a la voluntad del príncipe.  En partidos diferentes al C.D. también existen poderosísimos jefes que tras bambalinas conciertan las tramoyas en escenarios donde se ponen en escena las comedias, dramas y tragedias “democráticas” de la pobre condición humana.

El “tumbis” que le hicieron a Liliana Rendón es la caricatura que representan nuestros partidos políticos, alejados de la opinión ciudadana y convertidos en meras maquinarias de intereses personalistas o de caprichosas decisiones de los grandes o pequeños jefes de turno.

 

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